Estremecedor relato del esposo de Juliana Giraldo

Salir a comprar unos repuestos mecánicos fue lo que los llevó fuera de su casa, en la mañana del jueves, en el sector Guatemala, vereda de Miranda, Cauca.

Ya habían desayunado y se preparaban para asumir las labores del día a día con las que se ganaban la vida, cuando Francisco Larrañaga, le dijo a su esposa Juliana Giraldo, de 38 años, que lo acompañara junto a dos amigos más a hacer unas compras.

Se dirigían hacia el casco urbano de Miranda, porque en su vereda no encontraron los repuestos que necesitaban, pero en cuestión de segundos le cambió la vida. Lea aquí: Caso Juliana Giraldo: Fiscalía abre investigación con enfoque de género

“Miranda queda a cinco minutos de donde vivimos. Por la carretera vi hombres uniformados, pero la verdad no sabía si eran grupos armados al margen de la ley. No había conos, no había retén”, narró Larrañaga en una declaración a Caracol Radio este viernes.

Cuenta que al ver a los uniformados, Juliana pronunció “los papeles”, y él recordó que no llevaba los documentos de su vehículo.

“Di un giro, 400 metros antes de donde estaban ellos. Cuando estaba dando el giro, sentimos que venían saliendo unos hombres del monte disparando. Cuando escuché los disparos yo paré, vi a mi esposa con la cabeza herida. Mis amigos gritando y ella muerta”. Lea aquí: Juliana Giraldo era bastante hostigada por su orientación sexual: mamá

Las escenas posteriores se hicieron virales en redes sociales. Un hombre que grita y llora por una calle porque mataron a su esposa y pide ayuda por lo ocurrido. Imágenes que alertaron de lo que ocurrió a las 9:00 a.m. del jueves y que desataron rechazo e indignación nacional, porque involucran a un soldado del Batallón de Alta Montaña N° 8 José María Vezga.

Una historia de amor a primera vista

Se conocieron en Cali, donde ambos trabajaban. Recuerda que fue en el barrio Versalles, y que cuando la vio, fue amor a primera vista. “Ella me encantó. Me habló y empezamos a ser amigos, luego novios y finalmente nos fuimos a vivir juntos”, recuerda Francisco de su relación de más de tres años con Juliana.

Juliana era oriunda de Jamundí. Francisco también nació en ese municipio del Valle, pero vivía en Miranda, Cauca, donde está toda su familia.

Durante el noviazgo decidieron radicarse en Jamundí, donde las condiciones eran muy duras para ambos, pero especialmente para ella, dice Francisco. Lea aquí: El polémico tweet de Mindefensa tras el asesinato de Juliana Giraldo

“Había mucha discriminación. A ella le tocaba muy duro, así que le dije que nos fuéramos a vivir a Miranda, a mi casa familiar, para que no le tocara tan duro. Yo la cuidaba mucho y quería protegerla”, relata haciendo referencia a los estigmas relacionados con su orientación de género, pues Juliana era una mujer trans.

Ya en la vereda de Miranda apostaron por establecer un hogar. Trabajaban criando y vendiendo pollo, pescado. Ella tenía una peluquería, estaban arreglando la casa, adecuando un parqueadero. “No tenemos nada que esconder, somos personas humildes, trabajadoras, sin antecedentes judiciales. No teníamos por qué ser blanco del Ejército”.

“Su don era ayudar a los demás”

Pese a que en la calle Juliana padeció casos de discriminación. En su hogar estaba segura.

Francisco relata que su relación con Juliana nunca significó un problema con los demás miembros de su familia. El carisma, don de gente y otras cualidades de Juliana, fueron suficientes para ganarse el amor de sus suegros y demás familiares, donde la querían mucho.

“Nos quiere mucha gente, con esta noticia me han llamado muchas personas de Miranda a expresarme su apoyo. Mi familia la adoraba”, dice. Lea aquí: Hermana de Juliana Giraldo se abraza con madre del soldado que la mató

Ella era una mujer solitaria. Su hermana, quien publicó un video haciendo un llamado a no reaccionar con violencia, tiene un hogar constituido en Jamundí, y su madre vive en España, por eso, Francisco dice que Juliana era una mujer sola, que lo tenía a él.

“Era intachable, muy colaboradora, muy especial con las personas. Como era estilista, le cortaba el pelo a los habitantes de calle y no cobraba, porque sabía que no tenían cómo pagarle, lo hacía solo por ayudar”, dice su esposo.

Ahora él se siente perdido, sin saber qué hacer. “Me duele el alma, ella era mi vida, mi felicidad, estoy muy traumado. Dormí un par de horas y no se imagina lo que siento al ver que ella no está a mi lado. Tenemos un perro, y él también está confundido por no verla, el pobre no come”.

“Teníamos muchos planes a futuro. No sé cómo voy a superar esto. Dormí muy poco pero hubiera preferido quedarme dormido para siempre”.

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